Por Eduardo Vázquez Bécker.- La injuria figura en el catalogo penal salvadoreño como uno de los tres delitos contra el honor y la intimidad de las personas. Se trata de una expresión mediante la cual se ataca a la dignidad y fama de un ciudadano, sea cual sea su ubicación social, política o económica.

Una de las formas en que se concretiza este delito es a través del insulto a una persona ya sea como una agresión verbal, cara a cara, o utilizando las redes sociales o por whatsapp, “con publicidad” , lo que lo convierte en una injuria grave cuya pena va de 6 a 14 meses de multa. Sus autores generalmente se esconden tras perfiles falsos.

La injuria es una expresión grave que ataca a la dignidad y fama de un ciudadano y más grave aún, cuando se trata del presidente constitucional de la republica. Lo mismo podemos decir cuando se trata de un obispo a cargo de la grey salvadoreña o de un diplomático acreditado ante las autoridades del país como ocurrió recientemente con la embajadora Jean Manes.

El artículo 208 del Código Penal dispone que se considerarán injuria grave la acción o expresión que lesionan la dignidad de otra persona, menoscabando su fama o atentando contra su propia estimación especialmente si se trata de un funcionario público

Nos estamos refiriendo específicamente a los insultos que se profieren a través de las redes sociales contra el presiden Nayib Bukele y contra la embajadora y ex encargada de negocios de la embajada de los Estados Unidos en El Salvador Jean Manes

Desafortunadamente no todo el mundo usa las redes sociales para mostrar su mejor cara. Cada vez más los insultos, el maltrato o las simples discusiones se trasladan de la vida “real” a internet.

La gente ahora compra por internet y se comunica por internet, así que también insulta en internet, maltrata en internet y amenaza en internet. Un pequeño recorrido por las redes sociales de Centroamérica nos ubica en el nada envidiable primer lugar de los países donde la palabra soez y las obscenidades prevalecen en las redes sociales.

En un día normal, del total de lo que se ve y se lee en las redes sociales, la mitad está relacionado a comportamientos sociales, insultos o amenazas de agresión, que son publicadas en Facebook, Twitter u otras plataformas y que son reprochables desde cualquier punto de vista que se enfoquen.

Hacemos un llamado a las organizaciones defensoras de la libre expresión y Libertad de Prensa, especialmente a la Asociación de Periodistas de El Salvador APES, a que nos acompañen en este reclamo moral por la pérdida de valores frente a la crítica política. No es insultando al presidente, desde una casa o desde un cibercafé con “guaifai”, que vamos a encontrar la solución a nuestros problemas. Quienes piensen lo contrario están equivocados. Utilizar las redes sociales para proferir insultos contra el mandatario de una nación u otra personalidad puede ser algo delicado porque una expresión desafortunada, subida de tono o claramente agraviosa puede llevar directo a la cárcel; antes que eso ocurra sería mejor limpiar las redes sociales de esos indeseables.

El gobierno de Nayib Bukele no tiene parangón en la historia de El Salvador. Nunca antes hubo un gobierno tan indescifrable; a veces no se sabe si va o sí viene, o si está en “pausa”. Su rechazo a los modos tradicionales de gobernar dejan mucho que pensar pero en todo caso ello no es motivo ni razón para el insulto soez y denigrante.

Sabemos que alguien está considerando pedir la revisión y el endurecimiento de la legislación sobre libertad de expresión que permita actuar contra quienes publican mensajes de odio en las redes sociales. Nosotros nos oponemos a que eso ocurra porque rechazamos las leyes “mordaza”, mejor que eso será cambiar los insultos y las injurias por la crítica enérgica y razonada

No se trata de callar a nadie. Se trata de fijan parámetros que diferencian la libertad de expresión de los insultos que llevan a un delito de opinión.

Es un tema que se debe tratar con extrema sensibilidad y cuidado”, porque aún cuando la libertad de expresión no es un derecho absoluto, cualquier restricción a este derecho puede afectar a otros igualmente importantes, como puede ser el derecho a la libertad de información.

La lección también va para el presidente de la república Nayib Bukele, quien es adicto a las redes sociales. Un mandatario no debe lanzar sus mensajes “en caliente” porque estos fácilmente se pueden convertir en bravuconadas o incorrecciones políticas generado así aquello de que…. quien da la acción pierde el derecho

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here