Por Eduardo Vázquez Bécker.

11:00. 15 de octubre de 1979.

Once de la mañana del 15 de octubre de 1979. El coronel Jaime Abdul Gutiérrez agarró el teléfono oficial y llamó a través del 218280 al operador de servicio.

-. “Habla el coronel Jaime Abdul Gutiérrez, Por favor; Comuníqueme con el señor Presidente de la Republica”. (Breve espera) -. “Hable mi coronel”:

-.” Mi General, (dirigiéndose al presidente Romero). = Habla el coronel Jaime Abdul Gutiérrez en nombre de la Fuerza Armada de El Salvador. – “Usted debe haberse dado cuenta que estamos en rebeldía y desconocemos la autoridad suya como comandante General de la Fuerza Armada”.- -. “Le damos tres horas para que abandone el país; le garantizamos respeto total a su persona y su vida; debe llevarse al alto Mando y a los jefes de los cuerpos de Seguridad”. (Interrupción) presidente Romero: -.” ¡Pero! qué putas! está haciendo usted? –Gutiérrez. – “Mi General, le estoy garantizando…. (Nueva interrupción) presidente Romero: (hablando a gritos) “Es una Locura, piensen en el país, ¿qué me dan a cambio? –Gutiérrez.- “- Lo siento Mi General. (Cuelga el teléfono).

15 de octubre del 79, 11:20. El Presidente Romero pide que los golpistas reciban un emisario y nombra para ello al coronel Rafael Flores Lima, hasta entonces Secretario de Información de Casa Presidencial, cosa a la que accede Gutiérrez. Romero quiere negociar su retiro. Flores Lima manifiesta que Romero ha solicitado un avión al presidente de Guatemala, General Lucas García, para que lo trasladen a esa nación vecina; pide ampliar el plazo otorgado por los golpistas y solicita tres horas más de las ordenadas. A las seis de la tarde de ese día, después de gobernar por dos años y medio al país, Romero abandona El Salvador. En el Cuartel San Carlos Gutiérrez y Majano tenían el control.

El 17 de octubre, dos días después del golpe, Román Mayorga Quiroz se comunicó telefónicamente con el coronel Gutiérrez para decirle que sí aceptaba formar parte de la Junta, pero con algunas condiciones, cosa que los golpistas aceptaron sin ningún reparo.

Mucho se ha dicho sobre quién o quiénes fueron los autores de la Proclama de la Fuerza Armada del 15 de octubre de 1979. Gutiérrez afirma que no fueron ni el Mayor Mariano Castro Moran ni el doctor Francisco Roberto Lima, ni mucho menos los hermanos Guerra.

El coronel Gutiérrez asegura que la Proclama fue elaborada por el Mayor Álvaro Salazar Brenes y que este posiblemente contó con alguna ayuda de la UCA. Según Gutiérrez, Ítalo López Vallecillos, hizo una última revisión del documento antes que el mismo le fuera para su última corrección a fin de “suavizar” algunos términos del mismo y aproximarlo al texto y espíritu de La carta de Bogotá.

En opinión de Gutiérrez, Salazar Brenes fue el único responsable de ese documento histórico. Eran las tres de la madrugada del día 16 de octubre cuando se le dio lectura en las instalaciones del Cuartel San Carlos frente a unos cincuenta periodistas nacionales e internacionales. La parte medular de la Proclama establecía el cese de la violencia y la corrupción; garantizaba la vigencia de los derechos humanos y prometía adoptar medidas que condujeran a una distribución equitativa de la riqueza nacional, incrementando al mismo tiempo y en forma acelerada, el producto territorial bruto

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