Florentín Meléndez es un magistrado de la Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia, CSJ, de El Salvador que, así como despierta críticas de los políticos y personas que le adversan, también despierta admiración y  respeto de ciudadanos, jóvenes y adultos que, semana a semana, lo ven llegar a sus localidades con un cargamento de pequeños libros con el texto de nuestra ley fundamental y con un inusual mensaje a los jóvenes : Para ser mejores ciudadanos tenemos que conocer  nuestras libertades, nuestros derechos y nuestras obligaciones, sus límites y sus alcances, es decir, tenemos que conocer la Constitución de la República.

El magistrado Meléndez, en vez de aprovechar los merecidos descansos a los que todos tenemos derecho durante los fines de semana y pasarlos junto a la familia, ya sea aquí en la capital, o en la natal Morazán, como es su caso, viaja a un municipio predeterminado donde las autoridades, los ciudadanos, pero especialmente los jóvenes estudiantes, lo esperan para escuchar sus charlas sobre la constitución. No viaja en helicóptero, no lleva música ni parafernalia alguna, ni bombos ni platillos, ni bebidas ni comida a regalar, mucho menos papelitos que digan !vote! por tal o cual. Es un verdadero acto cívico de un ciudadano que el resto de la semana ejerce una de los magistraturas más elevadas del país.

En las más de dos horas que dura la charla no se escucha una tan sola mención política, no se habla de partidos, ni de lo bueno o lo malo que esté haciendo el tribunal supremo del país; no se critica a nadie por sus credos o afiliación política, en su charla no mezcla discursos de izquierda ni de derecha, solo se refiere a los derechos y obligaciones que nos confiere la constitución y sobre todo de cómo ejercerlos ante la ley.

El magistrado que pasa cinco días resolviendo amparos o inconstitucionalidades, analizando las difíciles teorías sobre el control constitucional, enfrentándose a “molinos” de viento multicolores, se convierte los fines de semana en un maestro, como los de antes, que enseña con sabiduría armónica lo que más le gusta: la importancia que tiene la constitución como instrumento de democracia, el conocimiento y ejercicio de las garantías fundamentales que establece nuestra ley suprema y la defensa universal de los derechos humanos.

Con  una didáctica agradable y comprensible, Meléndez introdujo a su charla el pensamiento del Benemérito de las Américas, Benito Juarez: “el respeto al derecho ajeno es la paz” así como un fragmento de la obra de Don Miguel de Cervantes “El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha” en que este dialoga con su escudero Sancho Panza, los alcances de la libertad.

“La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertad así como por la honra se puede y debe aventurar la vida, y, por el contrario, el cautiverio es el mayor mal que puede venir a los hombres”. (2ª parte-capítulo 58)

No lo dice, pero con esas charlas interactivas, el magistrado Meléndez intenta poner a salvo a los jóvenes, de todo tipo de delincuencia criminal como la que azota al país actualmente, de mantenerlos lejos de la corrupción. Con  esas charlas el magistrado les dice a los jóvenes que no todo está perdido.  Nos recordó el discurso de José Ingenieros con sus “fuerzas Morales”

Compartimos su última charla en el Centro Monseñor Oscar Arnulfo Romero de Zaragoza, le faltan 40 para cubrir los 262 municipios del país. Con la presencia de unos 200 estudiantes de los distintos centros educativos de la localidad que también cambiaron su descanso de fin de semana, por dos horas de prolíficas enseñanzas. Una audiencia que, por dos horas, se mantuvo atenta al mensaje que llevaba el magistrado Meléndez en vez de ser participes o víctimas de la violencia que hacen noticia todos los días.

Para completar sus propósitos de que se conozca la constitución , el magistrado Florentín  Meléndez le pone a su acción cívica lo que podríamos llamar “la cereza en el pastel”.  Bajo una pertinaz lluvia, Meléndez culmina su patriótica tarea repartiendo de casa en casa y de persona en persona el texto de la Constitución de la República, con una pequeña recomendación: Para que conozcan sus derechos y sus deberes.

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