Para esta oportunidad, he decidido concentrarme en describir la principal actividad económica, desde la óptica de la Corona, las autoridades coloniales y los productores novohispanos: la minería de la plata. A partir de una caracterización general, lo que se intenta hacer es una relación entre ésta, el surgimiento y la articulación de distintos mercados internos en función de las crecientes demandas. Asimismo, es preciso tener en cuenta la enorme importancia que tuvo este metal precioso para el comercio internacional, caracterizado por el monopolio impuesto desde la metrópoli, con el objetivo de obtener la mayor cantidad posible de riquezas y limitar el desarrollo

En La  Nueva España, si bien la minería no fue practicada únicamente sobre la plata, se concentró principalmente en la extracción de dicho metal, y en segundo lugar, en la de oro. En torno a la industria extractiva giraban las explotaciones agrícolas, ganaderas, textiles y los servicios. Desde el punto de vista tecnológico-productivo, la minería se concentraba en dos métodos principales: la fundición en hornos artesanales y la amalgamación, que implicaba la obtención de productos de mayor calidad, gracias a la utilización del mercurio en el proceso de refinamiento. Asimismo, y pese a ser una de las industrias más avanzadas y desarrolladas en toda Hispanoamérica colonial (junto con los ingenios azucareros, que también requerían una considerable inversión y la utilización de tecnología), la mencionada actividad no escapaba al control monopólico castellano: además del pago de impuestos a la Real Hacienda (el quinto real, calculado sobre el total de la producción platera), la Corona se reservaba el monopolio sobre la importación y distribución de azogue, fundamental para la amalgama.

A su vez, el comercio estaba condicionado, a través del accionar de determinados organismos como la Casa de Contratación de Sevilla (que ejerció un estricto control sobre la circulación de productos). También había otros monopolios, más allá del mercurio, como fueron los practicados sobre la sal, la pimienta, los naipes, el papel sellado, la pólvora, el tráfico de esclavos, etc. El desarrollo económico de las posesiones americanas se vio estancado, ya que las economías locales y regionales eran estimuladas sólo en función de las necesidades metropolitanas, y España trató de acaparar en sus manos el abasto de productos manufacturados, limitando el desarrollo industrial en sus dominios. Mediante otros mecanismos, como la implantación del sistema de flotas y galeones, los navíos de registro y la regulación de ferias (como las de Veracruz, Portobelo y Cartagena de Indias) dentro de un sistema restrictivo de puertos habilitados, Su Majestad se aseguraba la continuidad del orden establecido.

Por otra parte, la mayor parte de las exportaciones estaban compuestas por metales preciosos, y de esta manera, el sector exportador de la Nueva España se consolidó como un grupo principalmente minero. Además, la minería fue el principal método de financiación de los gastos de la Corona, y cada zona económica de América dependía de la industria mencionada para su desarrollo y para entablar vínculos comerciales con la metrópoli.

La producción de plata a gran escala, tuvo un papel crucial en el surgimiento de un mercado interno importante, ya que las mayores necesidades de alimentos, artículos textiles, materias primas y servicios por parte de los centros argentíferos generaron que la agricultura, originalmente de subsistencia, comenzara a volcarse cada vez más hacia los mercados, hasta el punto de que el comercio interior superara los niveles del exterior durante todo el siglo XVIII.

Simultáneamente, esta actividad presentaba algunas dificultades: la financiación, que fue un problema para muchos productores, y que determinaba los futuros rendimientos y ganancias. Por otra parte, no todos podían acceder a las nuevas tecnologías, o los créditos, y a su vez, todos corrían el riesgo de que el desempeño minero deje pérdidas.

En torno a la minería de la plata, concentrada en ciertos puntos como fueron Zacatecas y San Luis Potosí, entre otras ciudades, se fueron desarrollando y complementado múltiples actividades productivas y comerciales, como la ganadería y la agricultura, que se concentraron en distintos tipos de unidades de producción, como las haciendas mixtas, las haciendas de beneficio (vinculadas directamente a la producción para el abasto minero), las estancias pecuarias (enfocadas en la cría de varias especies de ganado, con el fin de responder a las demandas mercantiles y de consumo), las chacras (más relacionadas con el cultivo y las cosechas de maíz, trigo, cebada y otros), etc.

Tanto en el interior de los reales de minas como en las haciendas y demás espacios productivos, se desarrollaron unos cuantos mecanismos practicados por los propietarios para asegurarse mano de obra estable, como el peonaje. A diferencia de otros puntos de fuerte producción platera en Hispanoamérica, como el Alto Perú, donde durante muchos años predominaron la mita (trabajos indígenas por turnos) y los repartimientos forzosos de personal, las zonas más productivas se configuraron como lugares de atracción para trabajadores provenientes de varias regiones, porque los salarios eran mejores que en cualquier otra actividad, además de representar una posible huída de los repartimientos.

En las haciendas mixtas predominó la mano de obra libre, coexistiendo distintas relaciones entre la tierra, los patrones y los trabajadores, como el peonaje (originado, en muchos casos, a partir de deudas o adelantos forzosos de mercaderías a los indígenas, mestizos e hispano-criollos pobres), el arrendamiento, etc.

La actividad rural creció gracias a las demandas de los centros productivos. Los establecimientos agropecuarios se concentraron en producir para el abasto de trigo, maíz, carne, mulas, grasa y sebo, cueros, etc. En lo que respecta exclusivamente a la agricultura, habría que sostener que la misma se concentró más que nada en el mercado interno, aunque también tuvieron un desarrollo relevante algunos cultivos para exportación (algodón, café, cacao, azúcar y tabaco, entre otros, actividades generalmente de la mano con las plantaciones esclavistas).

En cuanto a la ganadería, si bien predominó la cría de ganado vacuno, porcino, equino y mular, también hubo lugares especializados en la trashumancia y el pastoreo de ganado menor (importantes para la obtención de lana, carne y cueros), como en el Nuevo Reino de León.

Autor: Mauro Luis Pelozatto Reilly para revistadehistoria.es

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